La otra cara del «tuning»

Una práctica relativamente habitual entre un buen número de conductores es la de transformar su vehículo hasta hacer que parezca uno totalmente diferente. Estamos hablando por supuesto del “tuning”. Pasando por alto el punto de vista estético resultante, es interesante que nos centremos en otros aspectos (sobretodo económicos) derivados de la variación de un coche.

Prácticamente podemos modificar cualquier parte del automóvil. Desde un alerón más aerodinámico que el de serie hasta un paragolpes delantero de grandes dimensiones pasando por el cambio de la tapicería. Todos estos “arreglos”, como cualquier otro accesorio, nos supondrán un desembolso de dinero. Pero estos no son los únicos gastos. Todas esas alteraciones de la carrocería deben ser homologadas para que el coche pueda circular por las carreteras españolas.

El coste de la homologación depende del número y tipo de reformas, pudiendo elevarse incluso hasta alcanzar miles de euros. A ello hay que añadirle el coste del servicio de inspección que cobra Itv, que se sitúa en torno a los cien euros. Asimismo, si tras una primera modificación queremos realizar otra, deberemos seguir los mismos pasos, es decir, homologar los nuevos accesorios y volver a pasar por la Itv. Hay que sumar también un aumento del papeleo. Cada vez que vayamos a la Inspección Técnica de Vehículos a homologar una nueva reforma, deberemos presentar el certificado del taller, el certificado de laboratorio, el proyecto técnico y la dirección de obra; y como es de imaginar todos esos documentos no son gratis.

Si aún así seguimos estando decididos a “tunear” el coche, tenemos que tener en cuenta que no todo lo que le queramos ponerle es homologable. Elementos como los alerones de aluminio, los faldones delanteros en forma de quitanieve o cualquier otro componente exterior que tenga aristas cortantes no pasará de ningún modo la inspección, por lo que estaría circulando ilegalmente.

Antes de lanzarnos por tanto a cambiar el aspecto de nuestro vehículo debemos preguntarnos si nos va a merecer la pena gastar tanto tiempo y dinero en dicha actividad, cuando además las marcas nos ofrecen kits de modificación por un precio inferior y mucho más discreto y atractivo (y ya homologado).

Roberto García

 

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